miércoles, 4 de febrero de 2015

No debiste reír

Fue sutil, como cualquier otra risa,
como si alguien se hubiera reído 
según su costumbre.
Pero ésta tenía algo más.
Era tuya.
Era tu voz la que le daba otro tono
la que la volvía diferente;
tu risa me hizo bajar la mirada,
cubrir mi cara,
para que no la vieras sonrojarse.
No debías llegar,
pero llegaste.
No debiste permanecer,
pero te quedaste.
No tenías que reírte
pero lo hiciste,
y con ello,
me ataste para siempre a ti.