Recuerdos como cuchillas;
recuerdos alimentados por fugas instantáneas
por casualidades vagas
de esas que te hacen pensar en lo divino
oculto hasta en el cristal de los frascos de la alacena.
Pasan de prisa los árboles
los ves correr por el cristal del vehículo
que te lleva un momento
por lo menos un instante
lejos de la cotidianidad.
Y entre el rápido movimiento
recuerdas
traes a tu mente la ilusión de que tienes un pasado
de que un presente tuviste
y como dagas, nuevamente
se clavan esas sonrisas
esos amargos despertares en camas vacías de amor
y llenas de soledad
en lo hondo de tu pecho
y cruzas
un segundo
la barrera entre lo onírico
y lo palpable
y te alejas
te pierdes en los destellos del sol
reflejados
en las hojas secas
y crees
sin la menor de las dudas
que hasta lo muerto
puede aparentar
ser de oro.
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