jueves, 14 de mayo de 2020

De vuelta

Hace unos meses creía imposible volver a tener insomnio. Di por sentado que había superado aquella etapa oscura en la que necesitaba recurrir a varios métodos para conciliar el sueño. 

Ha vuelto a pasar.

Los residuos de aquellas cenizas las trajo de vuelta un mal sueño, un momento de guardia baja, de confianza errada.

La visión de ese pasado que por mucho tiempo quedó enterrado, se me materializó con todo y el sopor que en aquellos ayeres me enervaba. 

Los pensé, los sentí, vi nuevamente los episodios en que cruzamos palabra y sentimiento. 
No han cambiado mucho en mi memoria, aunque incluso en el mundo físico ya ni siquiera estén.

No tengo un sitio al que ir, no tengo un rincón al cual escapar.
Han venido varias noches seguidas para recalcar que su esencia se entrelazó con la mía
que una persona no puede alejarse de aquellas marcas dejadas en la memoria
y el corazón.

¿Qué habría pasado si siguieran aquí?
¿Qué tanto habría arruinado o beneficiado mi vida al elegir a uno, a otro?
Verme en esos espejos hipotéticos me aterró.

Si no se hubieran desvanecido en el pasado
no habría tenido la fuerza de voluntad
para escapar de ellos,
para evitar la red de desgracias que provocarían.

Tanta culpa y tanto insomnio
Por sentir alivio
de que ya no estén.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Promesas

Probablemente hoy prometí algo, mas no recuerdo cuándo yo misma me hice alguna promesa.
Un letargo prolongado adormeció mi vivir; entre la niebla de las tardes y las sofocantes mañanas, me limité a andar perdida entre los recovecos de la cotidianidad.

¿Escribir? Dejé de hacerlo hace mucho. Hoy lo hago por iniciativa propia luego de ver una serie que me removió el sentir: alguien dijo que su vida estaría acompañada de literatura, una persona más, que junto a su alma gemela vería el viento levantarse, y ambos, frente a frente, juraron encontrarse nuevamente cuando hubieran cumplido aquello.

Estoy segura de que he hecho promesas frívolas y tal vez una que otra más comprometida.
Sin embargo, he olvidado aquello. Estos últimos meses he sido una oruga dentro del capullo, aguardando por mi tan anhelada metamorfosis. No sé cuándo esta llegará, pero sé que viene, se siente cómo cada fibra de mi ser evoluciona lentamente hacia una forma distinta, aunque aterradoramente nueva.

No sé qué me he prometido, no entiendo qué me hizo vacilar, en qué momento perdí poder y fe en mí, en qué punto dejé de trabajar por aquellas promesas. Pero hoy, compartiendo esto, sé que tal vez aquel letargo está dando paso a un nuevo despertar.

lunes, 18 de enero de 2016

Él

Cuantos atajos
pretextos
excusas
para no mirar mi alma
para no acercarme a lo que soy
o lo que era
o lo que podía ser.
Nunca tuve fuerza
ni valor
para quitarme
las manos de la cara
para levantar los párpados
para esbozar una sonrisa
o siguiera, hablar.
Un par de ojos me miraron
me estudiaron
y llegaron a la conclusión
de que yo era para ratos;
menos mal que alguien llegó
y lo dejó ciego
al despojarlo de su voluntad
pues, ¿a cuántas más
les habría marchitado el alma
de no ser por un par de piernas
que vinieron a distraerlo
de su mal actuar?
Otros ojos me miraron
me estudiaron
y llegaron a la conclusión
de que mi años pesaban
que mi expresión melancólica era,
¿cómo lo decía?,
inadecuada
para alguien que fuese compañera suya.
Dejé de lado la espera
y fui yo,
con un antifaz,
en busca del objeto de mi venganza.
No los miraba,
no me miraba
pues de hacerlo
habría desistido.
Los amé, los usé
luego fui alejándome
para que al despertar
no sintieran mi aliento junto al suyo
impidiendo que buscaran
alguna explicación.
Deambulando, sollozando
y con la venda en los ojos
caminé sin rumbo
hasta que en mis delirios
me lo topé.
Él, ni me miró
ni me estudió
y por ende
las conclusiones sobraron.
Un café, una charla
y poco a poco fue quitándome la venda
que me impedía ver el mundo
ver mi mundo
verme a mí
tan radiante como siempre fui
tan valiente como no creía ser
tan mujer como solo yo
puedo ser.
Tras esos ratos de compañía
de soledades compartidas
supe que solo él podía ser
mi Él.

martes, 3 de noviembre de 2015

En mi pasado no hay demonios

Absurdo es que me digan que debo lidiar con ellos
pues no soy infierno ni purgatorio.
En mí no habitan demonios
en mí no hay fantasmas ni sombras.

En mí hay nombres, hay miradas,
hay silencios llenos de alma
y hay palabras sin sustancia.

En algunos rincones quizás hay dolor
hay sangre y hay fuego,
pero no por ello son condena.

Tengo luz, tengo colores varios
inclusive nubes y tormentas
pero no huracanes ni nada que dure mil años.

Tengo sensaciones en la piel
que dejaron manos que bien me amaron
bien me hirieron.

No tengo nada que no tengan otros
ni demonios, ni sombras
o fantasmas.

Quizás ellos lo único que tienen es drama
y les gusta disfrazarlo de
actividad paranormal.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Lo que en realidad quiero

La sencillez de las cosas me asusta
la gente las hace con una facilidad sorprendente
y eso me hace sentir peor
me hace querer llorar
porque no logro hacerlas como quisiera.

¿Querer es poder?
Primero me gustaría saber si lo que quiero
es aquello que no tengo
o es lo que tengo, lo que en realidad quiero
pero no logro entenderlo de ese modo.

Me asusta ver mis años pasar
ver los cabellos marrón volverse canos
porque sé que no estoy haciendo nada trascendental
tal y como se supone que debe ser
justo como quisiera que fuera
pero no logro que sea.

martes, 2 de junio de 2015

Desilusión

Hemos sabido caminar por la vida; nacimos con la facultad de respirar,
de pensar, de amar
y de odiar.
Dos polos son los que rigen el corazón de los hombres.
Dos extremos perpendiculares a la línea de la vida.
Amor y miedo.
Serenidad y preocupación.
Felicidad y tristeza.
Expectativa y realidad.

La mayoría de los humanos poseemos capacidades similares,
tenemos el mismo potencial, las mismas posibilidades de ser
y hacer.

El conflicto empieza cuando el ser es obligado a hacer,
cuando no se quiere proceder y no nos queda más que hacerlo.

Duele ver que uno no cambiará el paradigma.
Molesta vivir en una sociedad que nos insta a complacer a otros.
Desilusiona sentirse al borde del precipicio, sin opción a retirarse
y obligado a saltar
sin paracaídas,
sin nada que nos haga evitar el suelo,
sin saber cómo será detenida nuestra caída.

Hemos sabido caminar por la vida,
pero no siempre lo hemos hecho;
a algunos se nos ha obligado a correr
o a arrastrarnos.

jueves, 23 de abril de 2015

Decisiones

Cuatro años sentada, oyendo, no escuchando,
tomando todo a la ligera,
pensando que el final de este ciclo tardaría décadas,
siglos,
eones,
y hoy ya estoy al borde del precipicio,
esperando en vano la respuesta del señor que rige los cielos
y la tierra
de la cual se olvida a diario.

¿Qué hacer?
¿Cómo hacerlo?
¿Hacerlo bien o mal?
¿Estará mal hacerlo bien?
¿Bien hacerlo mal?

La decisión está tomada, según creo,
por mi mente tan dispersa estos días.
Lamentablemente, no sé entenderla
y, ahora que lo pienso,
creo que nunca me ha hablado antes.

¿Así de sola he estado siempre?