He sentido las presencias de seres que a la vez que miran, admiran lo circundante sin besarte con su presencia; eran sombras acuosas que danzaban en una arítmica secuencia, que desgastaban los besos que no habían de darse, que se tocaban sin tocarse, y que brillaban como rayo de luna nueva.
No esperé entenderlos, yo solo seguí caminando, solo seguí andando sin transitar por los vastos océanos lluviosos y desiertos, desolados rincones de melancolía, de esa que cala el alma y te saca la voluntad por los ojos.
Son siluetas en azul y gris que me asustan y a la vez me dejan un tenue sabor a sal, quizá, por tanto llanto que he derramado desde que olvidé que todo esto es parte de mí y de mi acto de soñar.
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